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Aquellas canciones

De repente, aquellas canciones cobraban sentido. Aquel amor de las películas, irreal siempre, atravesaba su piel, que temblaba entre frío y calor. Malhumorada por caer en ese abismo cursi y romántico, solo tenía ganas de llorar. Llovía también fuera y acariciaba los cristales, intentando deshacer sus propias lágrimas. Puso de fondo aquella música que ahora no podía tararear. El sol se escondía y las nubes se agigantaban confundiéndose con la noche. Entonces, dentro y fuera, comenzó la tormenta. (21.10.2014)

Cena de fin de año

Papá no sacó la mesa de la cocina este año. Estará harto ya de convertir el salón en un comedor solo por una noche y pedirle a mi hermano que lo ayude a poner la mesa en vertical para poder pasarla por la puerta. Una mesa de madera de la “buena” que pesa un quintal. Tampoco hubo sopa. Eso sí me dio pena porque yo no me la hago en casa y siempre anhelo que alguien me ofrezca un plato. Los langostinos a la plancha de siempre se sirvieron esta vez sin alioli. Mientras, mi padre hacía “zapping” eligiendo dónde ver las campanadas de la península. Al rato se me ocurre preguntar: ¿Hay uvas verdad? Papá me dijo que él no quería, que sería para nosotros dos. Di por hecho que las había comprado. Mi hermano me miró atónito y yo pensé: Menos mal que traje un buen vino.