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Ojos para llorar

 ¡Vete! --me gritaron y en mi corazón sentí  una flecha de dolor. ¿No tienen corazón? --contesté en mi interior. Ya no podía  llorar más... Había agotado todas, todas mis lágrimas. Ya no tenía ojos para llorar. Todas las horas de mi tiempo para mí.  Todas mis palabras hermosas para él.  Todos los lugares de mi pensamiento para ellos.  Todas mis sonrisas para todos los momentos. ¿Qué iba a hacer yo? ¿Quién me iba a ayudar entonces? El juego ya se terminó. 

Una noche espantosa

Entonces entré en la casa. Era un gran caserón muy antiguo, estaba rodeado de tenebrosos y gigantescos árboles que le daban un aspecto lúgubre. La puerta estaba cerrada, ésta era muy alta y tenía un aldabón de color dorado. Miré alrededor de la casa y al fin encontré una pequeña ventana cubierta de telarañas, saqué una navaja y las corté. Observé en el interior una nube de polvo cubría mis ojos, salté hacia dentro, en aquella habitación no había mucho que ver, sólo sé que estaba muy oscuro, encendí la linterna. Por fin salí de aquella estancia tropezando con las sillas y caminando a tientas. Fuera comenzaba a llover y a los pocos minutos la lluvia, se convirtió en tormenta. Empecé a senntir miedo los truenos y los relámpagos me daban escalofríos. En el gran y extenso salon había una escalera que probablemente me conduciría a un piso superior. Me quedé al pie de ésta, decidiendo si debería subir o no. Tuve un arranque de valor. Aquella escalera estaba en muy mal estado, las tablas crují...

Deseo

  Anhelo un trocito de flores malvas al sol. Esa hierba brillante bajo palmeras. Anhelo el silencio de las ranas y los mirlos, del cielo limpísimo, esta belleza sencilla. Pronto tan cerca. 14.05.2026

Aquellas canciones

De repente, aquellas canciones cobraban sentido. Aquel amor de las películas, irreal siempre, atravesaba su piel, que temblaba entre frío y calor. Malhumorada por caer en ese abismo cursi y romántico, solo tenía ganas de llorar. Llovía también fuera y acariciaba los cristales, intentando deshacer sus propias lágrimas. Puso de fondo aquella música que ahora no podía tararear. El sol se escondía y las nubes se agigantaban confundiéndose con la noche. Entonces, dentro y fuera, comenzó la tormenta. (21.10.2014)

Cena de fin de año

Papá no sacó la mesa de la cocina este año. Estará harto ya de convertir el salón en un comedor solo por una noche y pedirle a mi hermano que lo ayude a poner la mesa en vertical para poder pasarla por la puerta. Una mesa de madera de la “buena” que pesa un quintal. Tampoco hubo sopa. Eso sí me dio pena porque yo no me la hago en casa y siempre anhelo que alguien me ofrezca un plato. Los langostinos a la plancha de siempre se sirvieron esta vez sin alioli. Mientras, mi padre hacía “zapping” eligiendo dónde ver las campanadas de la península. Al rato se me ocurre preguntar: ¿Hay uvas verdad? Papá me dijo que él no quería, que sería para nosotros dos. Di por hecho que las había comprado. Mi hermano me miró atónito y yo pensé: Menos mal que traje un buen vino.